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Cañetino es tiempo de cambiar la Historia. El amor por Cañete tiene que ser tan fuerte que debiéramos cambiar conductas y transformar nuestro pueblo en una ciudad distinta…
La primera imagen es una casa destruida totalmente, seguida por centenares de toneladas de escombros desparramados por las calles principales, hechos que se fueron multiplicando por decenas. Así fui viendo una casa con un bote incrustado en el living, una casa totalmente arruinada, un barco en plena calle, una escuela en ruinas, un gimnasio traspasado por las olas, vehículos apilados, un centro cultural desaparecido, una plaza arrasada y la municipalidad convertida en una ruma de escombros difícil de creer; al fondo un río que mostraba soberbiamente como tenía atrapado un par de vehículo a su antojo.
Nada quedaba de esa costanera construida hace algunos años que resguardaban las aguas del río Tirua y en cambio, esta vez solo se veía un tímido hilo de agua en busca del mar, el cual como un cobarde había arrancado centenares de metros hacia dentro, después de haber mostrado su fuerza incontrolable.
Ya han pasado cinco días intensos, primero soportar el terremoto y sus replicas, luego esperar un largo, triste y oscuro amanecer para viajar 25 kms al norte de Cañete a ver a mi familia, luego volver y apoyar el trabajo del municipio, recorrer las calles de Cañete y tratar de soportar lo ocurrido. A esa hora ya hace mucho calor y comienza la desesperación por conseguir combustibles y alimentos, comienzan largas filas en los servicentros y supermercados de la comuna, pero mi mayor preocupación era saber de mi madre quien se encontraba de vacaciones en Angol… ya se hizo de noche y era muy difícil poder dormir a pesar del cansancio, ya que las replicas del terremoto fueron cada vez más frecuentes… Sin agua y sin luz, una fogata fue el lugar indicado para aminorar la intranquilidad de la noche…
Era domingo y la situación en la comuna no era distinta al día anterior… mi preocupación se centro en buscar la forma de viajar a Angol a buscar a mi familia… entre ir y venir encontré combustible suficiente para viajar a Angol… y comencé el viaje sin saber con qué sorpresas me encontraría, sorpresas que a pocos kilómetros se ejemplificaron con las primeras grandes grietas en el camino a la altura de Huilquehue, entre Cañete y Contulmo, siendo cada vez más intensas en los lugares bajos de la carretera…
Felizmente mi familia se encontraba bien y pude traerlas de regreso, lo cual me dio más seguridad… En Angol la situación no era menor a lo que ocurría en Cañete y era evidente que los daños eran menores a los ocurridos en nuestra zona. Tratamos de conseguir combustible, pero las interminables filas hacían imposible tal proeza… Ya era tarde y aunque llegamos hasta Collipulli, no fue posible lograr nuestro objetivo.